C A C T U S

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A ti,
que viviendo en la otra
punta del mundo,
sigues aquí.

es irreversible,
pues después de esta ciudad
encontraste otro —y cuarto
hogar.

centro.
no fue norte,
tampoco sur
pero allí te plantaste: entre algún que otro océano.

y sin embargo,
hoy estas calles hablan de todas ellas.

¿cuántas fueron?
no menos de cuatrocientas mil.

decirte ‘Ata loguiño’
es como comer limón.

amarillo; qué color.
me pregunto cómo será ese sitio,
¿a qué huele su aire?

un día me explicaste
que no hay pasos de peatones;
los bosques tampoco tienen,
pero tienen moras.

las cosas, como las casas,
llegan vacías.
por eso necesitamos los adjetivos.

teorizo constantemente,
llego a conclusiones peculiares.

tendría que cruzar el charco
si quisiera entender de verdad ese lugar.

voy a hacer algo:
me apuesto un verano y dos viajes
que allí hay más calles que plantas.

tan necesarias,
tan dulces,
y —¡boom!— tan llenas de vida.

y es que en el mundo
no habrá nunca suficientes.

Cactus.
voy a mandarte cuatrocientos mil.

 

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